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Estado de Vida de Jóvenes/ Comunidad Nueva Jerusalén de la Renovación Carismática Católica en el Espíritu Santo, Xalapa, Ver.

“EPIFANÍA” ¿Que le ofreces a Jesús en este año?

 

Recientemente celebramos LA EPIFANIA DEL SEÑOR, con la llegada de los Reyes Magos a nuestros hogares, con la costumbre de recibir regalos el 6 de enero, etc.  Pero SABEMOS ¿QUE ÈS? o de ¿DONDE SURGE?

Epifanía significa MANIFESTACION, y es la manifestación de Jesús a la humanidad, la cual estaba representada litúrgicamente por los 3 reyes magos, los cuales guiados por la Estrella de Belén fueron a buscar al NIÑO JESUS, para ADORARLE y darle regalos. (Consultar Mateo 2, 1-12).

Al igual que los reyes cuando nosotros sigamos el camino a Jesús no debemos detenernos por adversidades en nuestro camino, recordemos que el fin de llegar al encuentro con el Salvador es ADORARLE, así como lo hicieron los reyes magos, mostrando su humildad al llenarse de alegría por haber encontrado al mesías, y arrodillarse ante el verdadero Rey y además ofrecerle presentes. Así nosotros que cada vez que lleguemos al encuentro con Jesús le ofrezcamos lo que tenemos, no lo que quisiéramos tener, por que entonces nos pasaríamos toda la vida buscándolo sin poder darle nada a Jesús.

TE INVITO

A que hagas una carta(EN ESTE BLOG) como la que hacías para los reyes, pero en esta ocasión no le pidas regalos, más bien piensa que quieres ofrecerle a Jesús en este año.

Y recuerda que LO MEJOR SIEMPRE ESTA POR VENIR.

TE COMPARTIMOS ESTE BONITO RELATO DEL CUARTO REY MAGO:

Según el relato navideño de Henry Van Dycke, The Other Wise Man (El Otro ReyMago) escrito en 1896, había un cuarto Rey Mago llamado Arbatán. Éste dedicó 30 años de su vida a buscar al Mesías para darle “tres preciosas joyas” -un zafiro, un rubí y una Perla- que no pudo ofrecerle el día de su nacimiento. 

“El cuarto rey mago llevaba consigo una gran cantidad de piedras preciosas para ofrecer a Jesús, pero cuando viajaba hacia el punto de reunión encontró en su camino a un anciano enfermo, cansado y sin dinero. Artabán se vio envuelto en un dilema por ayudar a este hombre o continuar su camino para encontrarse con los otros reyes. Obedeciendo a su noble corazón, decidió ayudar a aquel anciano.

Decidido a cumplir su misión, emprendió un largo camino sin descanso hasta Belén para adorar al niño, pero al llegar, Jesús había nacido y José y María estaban rumbo a Egipto, escapando a la matanza ordenada por Herodes.

Artabán emprendió entonces un viaje en el que, por donde quiera que pasara, la gente pedía su auxilio, y él, atendiendo siempre a su noble corazón, ayudaba sin detenerse a pensar que el obsequio de piedras preciosas que cargaba, poco a poco se reducía sin remedio. En su andar, Artabán se preguntaba: ¿Qué podía hacer si la gente le suplicaba por ayuda? ¿Cómo podría negarle ayuda a quien la necesitaba?

Así pasaron los años y en su larga tarea por encontrar a Jesús ayudaba a toda la gente que se lo solicitaba.

Treinta y tres años después el viejo y cansado Artabán llegó por fin a donde los rumores le habían llevado en su larga búsqueda por Jesús. La gente se reunía en torno al monte Gólgota para ver la crucifixión de un hombre que, decían, era el Mesías enviado por Dios para salvar las almas de los hombres. Artabán no tenía duda en su corazón, aquel hombre era quién había estado buscando durante todos esos años.

Con un rubí en su bolsa y dispuesto a entregarla joya pese a cualquier cosa, Artabán encaminó sus pasos hacia aquel monte, sin embargo, justo frente a él apareció una mujer que era llevada a la fuerza para ser vendida como esclava para pagar las deudas de su padre. Artabán la liberó a cambio de la última piedra que le quedaba de su basto tesoro.

Triste y desconsolado, nuestro cuarto rey mago se sentó junto al pórtico de una casa vieja. En aquel momento, la tierra tembló de forma brusca y una enorme piedra golpeo la cabeza de Artabán. El temblor aquel anunciaba la muerte de Jesús en la Cruz.

Moribundo y con sus últimas fuerzas, el cuarto rey imploró perdón por no haber podido cumplir con su misión de adorar al Mesías. En ese momento, la voz de Jesús se escuchó con fuerza: Tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estuve desnudo y me vestiste, estuve enfermo y me curaste, me hicieron prisionero y me liberaste. Artabán, agotado, preguntó: ¿Cuándo hice yo esas cosas? Y justo en el momento en que moría, la voz de Jesús le dijo: Todo lo que hiciste por los demás, lo has hecho por mí, pero hoy estarás conmigo en el reino de los cielos.”

 

 

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